Confucionismo

Publicado en Filosofía y Cultura el 18 de Enero, 2008, 10:29 por Ibado

El confucianismo podría denominarse como una moral de equilibrio cósmico e integración social jerarquizada. El hombre para Confucio está inmerso en una totalidad sagrada cuyo signo superior es el Cielo inmutable (lo divino) y cuya manifestación más importante son los antepasados. La esencia de la moral confuciana consiste en mantener el orden que se expresa en la estructura familiar y en los valores eternos del gran cosmos coleste:

Los antepasados están representados como Cielo. Por medio de ellos los hombres quedan integrados en la vida que les ha predecido y les sostiene. Ellos son lógicamente los signos del "dios" a quien descubrimos en el despliegue del conjunto de la realidad. Por eso, el mismo equilibrio cósmico exige que los veneremos, integrándonos por ellos en la correinte sagrada de la Vida. El confucionismo sacraliza, según eso el orden social, representado por la tradición de los padres. El Cielo, que siempre permaneces y los antepasados que nos han dado la vida simbolizan el Todo divino de la Realidad, que sigue rodando inmutable, siempre idéntica con las religiones de otros pueblos, como los bantúes de África, que también han vinculado y venerado al cielo y a los antepasados.

La vida social está por la relación entre los diversos miembros del conjunto social, estructurados de una forma jerárquica y polar: soberano-súbditos, padre-hijo, merido-mujer, hermano mayor-hermano menor. El confucianismo viene a presentarse de esta forma como una religión del orden: las relaciones sociales, el mismo estado se conciben en forma de familia, con estructura jerárquica de subordinación relacionla, donde los diversos individuos se encuentran orgánicamnete vinculados entre sí. Por eso, la veneración de los antepasados, unidos por dentro con el Cielo, al servicio del orden establecido, de manera que en ella se funda un tipo de experiencia religiosa de tipo conservador, cuyos portadores son los miembros de <<buenas familias>>, es decir de aquellas que conocen y veneran a antepasados-padres, a quienes conciben como mediadores básicos de sacralidad.

 

China se ha tomado a si misma como "país del centro" 中国, lo que muestra que toman la tierra como suya, y que representan una tierra inmutable, y que a pesar de invasiones, guerras secesiones, vuelve a ser ella misma después de cada cambio, para mantener de nuevo su propia identidad mantenida durante más de 4000 años. Ciertamente han seguido existiendo los diveros ritos maternos (más vitalistas); ha permanecido viva una tradición chamánica de contacto con cientos de miles de espíritus y dioses. Pero el confucianismo se ha extendido por doquier, como sistema filosófico cuasi religioso oficial, llegando a ser una especie de filosofía o vía de Estado para China, de equilibrio cósmico y político, laboral y familiar. En sentido estricto en este contexto, no se puede hablar de un dios-persona, ni de un despliegue radical del individuo, en línea de independencia moral y autonomía afcetiva. la vía confuciana constituye más bien una experiencia de organicismo vital y ético.

En ese sentido se podría afirmar que, en conjunto, China no ha realizado todavía la gran revolución de la individualidad, que ha marcado el surgimiento cristianismo de occidente. La religión confuciana constituye, más bien, una visión sagrada del conjunto cósmico y social, de manera que ella parece moverse todavía en una perspectiva cercana a las religiones de la naturaleza, que divinizan de manera radical el mismo cosmos donde el hombre se encuentra incluido. Pues bien, ese cosmos chino viene a presentarse como una gran familia, estructurada de una forma unitaria y jerárquica, y en ella cumplen funciones importantes el estado y las diversas jerarquías domésticas, entendidas de modo sacral:

Emperador. El estado constituye una familia sagrada donde el emperador es signo del Cielo (lo divino) en medio de la tierra. Más que estadista político o jefe militar, es un signo religioso: expresión de unidad de la gran estirpe humana (centrada en China), símbolo de una sacralidad social en la que todos se encuentran incluidos, como si fuera un padre universal, presencia del Cielo en la tierra.

Padres y antepasados: son expresión de la permanencia de la Vida y manifestación del cielo (de su estabilidad originaria) sobre el mundo. La Realidad se entiende, por tanto en perspectiva jerárquica. El padre es el primer sacerdote. Obedecerle es someterse a los principios del orden universal, expresado en la familia, donde la madre ocupa un lugar también importante, aunque inferior.


El mismo divino Sant Tien, Soberano Cielo, se encuentra, se encuentra vinculado a los antepasados, que han venido a convertirse de alguna forma en Cielo. Ellos, los que siguen viviendo tras la muerte, son fuente permanece de existencia. Por eso reciben el encargo de vigilar y conducir a sus descendientes, ofreciéndoles su bendición si lo merecen. Lógicamente, el culto a los antepasados ha sido un elemento clave de la cultura china, tanto en el aspecto público como en el privado.
 

Otro elemento son las relaciones entre varones y mujeres, que forman la raiz de la familia, expresan la unión primitiva de los contrarios (yang y yin) y son un momento fundamental de la gran armonía cósmica. Varones y mujeres son importantes, pero no iguales. Son necesarios, pero no idénticos. Confucio concebía a la mujer como el elemento irracional (vital) del ser humano, en el sentido polar de la palabra: ella representa el aspecto receptivo (acogedor y fecundo) de la vida; por eso debe hallarse subordinada al polo racional o masculino, que por su parte, sólo adquiere su sentido en relación con lo femenino. Ella aparece como un ser terreno, oscuro nebuloso, necesario para los trabajos de la casa y para el equilibrio de la vida y el amor entre los hombres. Precisamnete por eso es necesaria y debe unirse de un modo polar al varón, que aparece como cielo, claridad diurna, vida social. Uno y otro, en su unidad inseparable, constituyen la Realidad de lo humano.

Varón y mujer son distintos de un modo estructural y jerárquico, de manera que no puede darse el uno sin la otra y viceversa. Ambos sonnecesarios y forman un tipo de estructura que podemos denominar jerarquía de amor. Más que individuos personales e independientes, cada cual completo en sí mismo, que después pueden unirse en libertad, sin jerarquía ni dominio de uno sobre otro, varón y mujer son momentos desiguales y necesarios de una estructura familiar que se mantiene constante mientras todo cambia, apareciendo así como signo y condensación del Ser divino del cosmos, del cielo paterno y de la tierra materna, que constituyen la divinidad originaria:

Varón y mujer: Él no puede ser un déspota caprichoso que domina sobre ella, pues si lo hiciera se negaría a si mismo, destruyendo al armonía de la casa. Ella tampoco es una esclava: conservasu identidad, tiene autonomía en el orden familiar, en el conjunto de la vida; pero sólo puede conservarla y ejercerla si está dirigida por el esposo que organiza (dirige) el conjunto.

Amor orgánico. Varón y mujer son necesarios pero desiguales. Sólo como distintos pueden encontrarse y completarse (amarse) formando así un conjunto vivo. Para que la distinción de lo masculino y femenino pueda armonizrase es necesario que un extremo se conciba y actúe como <<superior>> al otro. Si los dos fueran iguales resultaría imposible el orden, y la vida familiar vandría a convertirse en lucha de poder entre varones y mujeres.


Virtudes fundamentales. Los que practican la benevolencia son hombres verdaderos: el amor a los propios familiares es la forma más alta de benevolencia. Los rectos son los que todo lo ponen en armonía. El respeto a las personas de más valor es la forma más alta de rectitud. El mayor o menor amor hacia los familiares y la graduación del respeto debido a las personas de valor nacen de la práctica del principio de la corrección o etiqueta. Caundo los que se ocupan con los cargos inferiores no son apoyados por los superiores, estos no podrán ganarse a los súbditos y les será imposible gobernar. De esto se deduce que el Soberano no puede negarse al cultivo y perfeccionamiento de sí mismo: si piensa autoperfeccionarse, es preciso que sirva a sus familiares; si quiere servir a sus familiares tiene que conocer a los hombres y paraconocer a los hombres tiene que conocer el Cielo. Las relaciones universales de deber son cinco y las virtudes universales con las que se practican son tres. Las relaciones son: entre soberano y ministro, padre e hijo, marido y mujer, hermano mayor y hermano menor, y la relación entre amigos. Las tres virtudes universales son: el conocimiento, la benevolencia y la valentía. La práctica de las virtudes sin embargo es sólo una.

La mujer es signo del aspecto materno (material, terreno, oscuro)de la vida. Ella es necesaria para que el varón , pueda expresar sus notas paternas (espirituales, celestes, luminosas). Uno y otro varón y mujer, han de obedecer a su destino cósmico: cada uno busca el bien propio buscando el del otro; cuanto más celeste y dominador (en sentido profundo) sea el varón (padre) más terrena y materna podrás ser la esposa y viceversa. Por eso cuanto más busque y desarrolle el bien de su esposa mejor encontrará el varón su propio bien (su desarrollo humano). De esa forma, el mismo Ser divino, que es unión de cielo y tierra, armonía de contrarios, se expresa en la complementariedad amorosa entre varón y mujer, padres e hijos, etc. Por eso decimos que el amor es divino: fuerza que unifica a seres diferentes, de manera que el bien de cada uno se expande y expresa por el otro. En este fondo resulta significativa la visión de algunos neoconfucianos sobre el jen, que es el amor que unifica a las personas y a las cosas:

El amor es jen: potencia de unión que vincula a los contrarios (icluso los enemigos). Por eso se puede afirmar que la msima realidad es jen: fuerza que vincula universalmente a los humanos (varones y mujeres, padres e hijos, hermanos, amigos) para que constituyan de esa forma una familia (un cuerpo) sobre el mundo. En una línea semejante se situaba Aristóteles de Grecia al afirmar que el amor "mueve las estrellas", manteniendo de esa forma la armonía universal del cosmos.

Amor a los enemigos: En esta linea puede hablarse de la exigencia de amar al enemigo, pues allos forman parte de un conjunto en el que estamos integrados y así en ese conjunto, resultan necesarios. Los confucianos (y en general los chinos) conciben el amor al enemigo como un elemento de integración social, para el servicio orgánico del conjunto.

Amor universal. El ser perfecto es hombre de jen: Agradecido a los antepasados, obediente ante sus padres, respetuoso en su vida privada, honesto en sus negocios, fiel asus amigos (o asociados) Llevando al extremo esa visión, los neoconfucianos consideran que el mismo universo froma u cuerpo donde todos los seres comparten el mismo jen, un amor universal. No es amor sólo sexual, ni experiencia interior de inmersión sagrada, ni sentimiento de cultivo de unión (fidelidad) interpersonal, ni caridad como entrega en favor de los pobres. Jen es la experiencia y desarrollo de la solidaridad familiar y cósmica que vincula a los humanos y a todos los seres en un mismo conjunto divino.


Amor Confuciano. Amar es formar parte de un gran organismo (un gran cuerpo): es recibir y compartir, es cultivar ofrece a los demás la misma vida, dentro de la armonía que forman hombre y naturaleza, varón y mujer, padres e hijos. Amor es lo que une y fecunda, lo que vincula e integra a todos, dentro de una vida que está definida por la solidaridad universal, sagrada.

Confucio sobre la Benevolencia: "Consiste en que cuando salgas de tu casa te comportes con todos como si fueran importantes personajes; en dar órdenes a los inferiores como si se fuese a celebrar un gran sacrificio; en no hacer a los otros lo que no quieras que te hagan a ti y en no dar lugar a murmuración alguna contra ti ni en la familia, ni el país... Si el hombre superior es respetuoso en todo momento, cortés con los demás y lleno de corrección, todos los hombres que habitan en el recinto delimitado por los cuatro mares serán sus hermanos, y entonces ¿por qué habría de preocuparse el hombre superior de no tener hermanos?" (Analectas de Confucio)

Confucio sabe que todos los hombres son importantes y así pudo formular la regla de oro (no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan); sabía que todos los hombres forman parte de la misma familia cósmica que es la Vida, presidida por los cielos y la tierra, fundada en la presencia activa de los antepasados, cuya realidad nos sigue sosteniendo.

El confucionismo no conoce un dios personal, ni puede hablar de amor a los individuos en cuanto a tales. Lo que importa es el conjunto, el sistema cósmico, social y familiar; el amor es un equilibrio a favor de la totalidad de la vida, en sentido unitario y progresivo, pues formamos un todo partiendo de los antepasados.

Doctrina y metodología confuciana

El confucianismo tiene como vocación desmitologizar las creencias chinas: los seres sobrenaturales se transforman en virtudes, el cielo deja de ser un dios para convertirse en un principio garante del orden. Confucio no se interesa por la salvación del individuo por que en la vida lógica y social no hay nada que deba ser salvado y por tano nadie se puede salvar. Cuando se es incapaz de utilizar a los seres humanos, ¿cómo se puede pretender utilizar a los seres espirituales? significa que se ha de abandonar la búsqueda de una realidad invisible. "si no conoces la vida, ¿cómo vas a conocer la muerte. Esta visión confuciana desanima a los que tiene propensión a investigar los secretos del más allá.

El confucianismo no tiene sacerdotes. Los oficiantes del ritual son los Jus, los letrados burócratas que ocupan a través del examne de Estado, todos los puestos disponibles de la religión a este culto formal ejecutando mecánicamente por gentes que no son sacerdotes y destinado a quienes no son dioses y en los que no se cree.

Si no es una religión en el sentido corriente de la palabra, el confucianismo tampoco es un sistema filosófico. Su cosmología es rudimental y se basa en el Taoismo y el I ching. La lógica lo msimo que la mitología no le interesan a Confucio, cuya preocupación principal es encontrar la Vía (Tao) del centro en la sociedad humana y en la sociedad humana y en las acciones individuales, la Vía que garantice el equilibrio entre voluntad de la tierra y la volunctad del Cielo. Este último -dicho sea una vez más- no es una divinidad, sino un principio universal, omnipresente, oculto e indefinible, cuyas actuaciones "no hacen ruido ni despiden olor".

El confucianismo entiende que la salvación se da como un objetivo ya alcanzado por la sucesión natural de las generaciones; no asigna al ser humano ninguna otra meta que el perfeccionar su humanida (jen) cumpliendo sus deberes de manera apropiada y correcta (li): el padre debe ser padre y el hijo debe ser hijo.

En este sentido la sociedad debe estar regulada por un movimeinto educativo que, partiendo desde arriba, corresponde al amor paternal (por un hijo) y por un movimiento que, partiendo desde abajo, equivale a la piedad filial, único deber confuciano cuyo carácter absoluto parece llevar una impronta casi pasional. Quebrantar la regla de la piedad (hacia la familia, el jefe, la patria, el emperador, etc.) es la única definición del sacrilegio para un confuciano. Es evidente que una ideología tan paternalista puede degenerar más fácilmente que otras en una obediencia ciega a los intereses de un Estado totalitario.

Los medios para alcanzar la máxima excelencia o Zhi Shan eran dos: el estudio y la introspección, entendida como un mirar hacia dentro. El estudio de textos antiguos y de las lecciones de los sabios y la naturaleza es la base de la mejora individual. Además, sirve como soporte para la introspección porque el hombre debe ver que hay de bueno dentro de sí y desarrollarlo. La bondad natural humana, capital en las enseñanzas de Mencio, parte del mismo principio de que lo bueno se encuentra dentro del hombre y que debe ser descubierto usando la introspección. Así, un hombre superior podrá obtener Ren y Li. También da gran importancia a los ritos. Al ser una forma de conservar el pasado mítico que fue legado, el confucianismo apoya que se los siga practicando y les da nuevos valores. Eran vistos por los confucianos como un símbolo de jerarquía y poder. Además, son un método de autodisciplina y dominio de uno mismo, al hacer que el individuo deba realizar algo de una manera precisa. Los ritos garantizan que la sociedad y el Estado funcionen correctamente, ya que las acciones del gobierno deben tener orden y jerarquía.

Analectas

Las Analectas recogen una serie de charlas que Confucio dio a sus discípulos así como las discusiones que mantuvieron entre ellos. En chino, analectas significa literalmente “discusiones sobre las palabras (de Confucio).

En las Analectas, los capítulos están agrupados por temas individuales. Sin embargo, no siguen ningún orden especial. De hecho, los capítulos parecen totalmente aleatorios con temas en capítulos correlativos que no tienen ningún tipo de relación entre ellos.

Parece claro que el libro no fue escrito por un único autor sino que es obra de varios discípulos de Confucio que recopilaron sus enseñanzas años después de la muerte de su maestro.

Las Analectas han influido notablemente en la filosofía y la ética de los chinos. Incluyen los principios básicos de Confucio: decencia, rectitud, lealtad y piedad filial.

Durante dos mil años, las Analectas han sido parte de los estudios de las escuelas chinas ya que se consideraba que ningún hombre podía llegar a un buen nivel moral y de inteligencia sin conocer la obra de Confucio. El conocimiento de las Analectas se hizo también imprescindible para superar los exámenes imperiales que todo funcionario de la corte imperial tenía que superar.

El maestro K’ung fue el primero que reunió a un grupo de discípulos provenientes de distintos principados para formarlos adecuadamente en el buen gobierno. Junto con las medidas a tomar que ya había propuesto en su época de joven funcionario, propuso llevar a la práctica sus propuestas basándose en el respeto de las Tres Dinastías y recuperar la política del Duque de Tcheu. Confucio confiaba en que un príncipe siguiera sus indicaciones. De este modo, al final de un ciclo de doce meses, se habría logrado algún resultado; en tres años, su proyecto social se habría consumado a la perfección. Podemos resumir la doctrina confuciana en una serie de mandatos que deberían ser los principales deberes de todo hombre de gobierno:

Amar al pueblo, renovarlo moralmente y procurarle los medios necesarios para la vida cotidiana.
Por este motivo, debe servirse en primer término con soberano respeto a Aquel que es el Primer Dominador.
Cultivar la virtud personal y tender sin cesar a la perfección.
En la vida privada como en la pública, observar siempre el sendero superior del “Justo Medio”.
Tener en cuenta las dos clases de inclinación propias del hombre: unas proceden de la carne y son peligrosas; las otras pertenecen a la razón y son muy sutiles y fáciles de perder.
Practicar los deberes de las cinco relaciones sociales (explicadas más abajo).
Tener por objeto final la paz universal y la armonía general.


Estos valores son imprescindibles en las relaciones humanas, que Confucio describió:

Entre gobernador y ministro.
Entre padre e hijo.
Entre marido y mujer.
Entre hermano mayor y hermano menor.
Entre amigos.


Estas relaciones tienen, además, una característica principal:

el superior tiene la obligación de protección y el inferior, de lealtad y respeto.

En último término, todas las personas están sujetas a la voluntad del Cielo (tiamchi; t’ien-chih), que es la realidad primera, la fuente máxima de moralidad y de orden (¿logos griego?). No es el tema de especulación, pero en cierto modo está relacionado mediante el ritual. En algunos textos es sinónimo de Shang-ti, el señor supremo. El Emperador gobernaba por mandato del Cielo.

Según Confucio, además del ren y las relaciones adecuadas, son precisos los rituales y el sacrificio regular. El culto al Cielo requería del Emperador, en tanto que “hijo del Cielo”, que realizase un sacrificio animal al año en el templo del Cielo de Pekín. También se ofrecían sacrificios a la tierra, al sol, a la luna y a los antepasados imperiales.

No obstante, todo lo que Confucio quiso llevar a cabo no era nuevo, sino que correspondía, como él mismo confesaba, a lo ya dicho por una larga tradición de sabios. Sus ideas estaban basadas en una herencia espiritual que la escuela de los ru o letrados, y más concretamente el mismo Confucio, habían compilado y sistematizado de forma sublime.

También, se atribuyen a Confucio los “Cinco Clásicos”, que aparecieron con posterioridad a la muerte del maestro. Tras ésta, su obra y su vida se convirtieron en objeto de culto y generaron toda una “escolástica” en torno a sus enseñanzas, la cuales, alcanzan nuestros día.

Neoconfucianismo

Los confucionistas de la Dinastía Song (960-1279) solían estudiar las obras clásicas de su credo, pero también estaban familiarizados con las enseñanzas budistas. El pensamiento budista les ofrecía muchos aspectos dignos de adminración, incluyendo ideas sobre la naturaleza del alma y la relación individuo cosmos, ideas todavía no exploradas por el confucianismo. Los confucianos Song se nutrieron en gran medida del pensamiento budista y sus propias tradiciones, dando lugar al neoconfucianismo.

Hubo muchas perspectivas rivales en la comunidad neoconfuciana, pero al final, un sistema emergió ligando el pensamiento budista y taoísta del momento y algunas de las ideas expresadas en El libro de las mutaciones (I Ching) además de las teorías del yin y el yang asociadas al símbolo Taiji. Un motivo típico neoconfuciano son las pinturas de Confucio, Buda y Laozi bebiendo de la misma jarra de vinagre con el título "Los tres maestros son uno!"

Uno de los representantes más importantes del neoconfucianismo fue Zhu Xi (1130-1200). Fue un prolífico escritor, manteniendo y defendiendo sus creencias confucianas sobre la armonía social y una conducta personal adecuada. Uno de sus libros más recordados fue 'Family Rituals', donde proveía de consejos detallados sobre la conducta en ceremonias familiares, bodas, veneración de antepasados y funerales. Pronto fue tentado por el pensamiento budista y empezó a argumentar la observancia budista de altos preceptos morales al estilo confuciano. También creía que era importante en cuestiones prácticas perseguir fines académicos y fliosóficos, aunque su obra se concentra más en problemas teóricos. Se le atribuyen muchos ensayos intentando explicar que sus ideas no eran budistas o taoístas e incluía algunas críticas feroces al budismo y taoísmo.